La nueva adultez: el desafío de reinventarse

Fuente: De Felippis, I. (2020). La nueva adultez: el desafío de reinventarse. RAES, Revista Argentina de Educación Superior, 12(21), pp. 97-112. (Reseñado por el equipo del Portal).

Las implicancias del ingreso a la universidad de adultos mayores de 40 años se exploraron en esta aportación en un ámbito universitario argentino, haciendo referencia, entre otros autores, a Martínez Martín (2006) y Erickson Erik (1965), en lo que atañe a sus cuestionamientos acerca de los saberes éticos y ciudadanos, y los ciclos vitales, respectivamente. Igualmente, se amplió sobre los conceptos de ciudadanía y calidad educativa.

Asimismo, en el trabajo se incluyeron alusiones a la evolución de las regulaciones relacionadas con la educación de adultos en los últimos años en general y específicamente en España y Argentina.

Investigación
Se realizó un estudio descriptivo de índole cualitativa que contó con una muestra integrada por un total de 20 adultos mayores de 40 años. La mitad del grupo estudiaba en el programa de Licenciatura de Ciencias de la Educación y la otra, en el de la Tecnicatura de Minoridad y Familia en la Universidad de Lomas de Zamora (Argentina). Como instrumento se utilizó la entrevista semi-estructurada.

Los ejes de análisis fueron: rasgos sociodemográficos; la institución educativa elegida; la relación de los participantes con sus familias y la decisión de estudiar después de los 40 años; experiencias personales y profesionales vividas; la perspectiva de los estudios desde el perfil de ciudadano y la calidad educativa.

Resultados y conclusiones
A través de los hallazgos se identificó «el proceso de construcción de ciudadanía participativa en la universidad». Estos reflejaron que los participantes eran docentes y empleados de organizaciones no gubernamentales que habitaban en zonas caracterizadas por su «fragilidad social». La mencionada universidad fue elegida por la cercanía a sus hogares y las características de los programas para adultos.

Los participantes destacaron la importancia del apoyo familiar, la autoestima, el estudio y el trabajo en grupo. Entre sus motivaciones, además del factor económico (incrementar los ingresos) también se aludió a los estudios universitarios como un camino hacia el empoderamiento personal de cara a afrontar de mejor manera la vejez, aumentando las oportunidades para acceder a un mejor empleo o futuro en general, y de cumplir sueños. La calidad educativa se relacionó con el compromiso del profesorado.

Además, su condición de estudiantes universitarios propició el desarrollo de interacciones personales, grupales e intergeneracionales.

Consecuentemente, se señaló que la universidad se transformó en un ámbito en el que se configuran «redes de apoyo social que nutren aquella idea integradora del “sentirse parte"».

Por otro lado, se planteó que el creciente interés de adultos por iniciar estudios universitarios se relaciona con la prolongación del ciclo vital humano y la expectativa de vida así como a la valoración de los títulos académicos y al significado democrático de su ingreso a las universidades.

Finalmente, cerró el artículo la prospectiva de que posiblemente, la participación adulta en los estudios universitarios propicien un trabajo colaborativo con las instituciones educativas de todos los niveles junto con autoridades municipales y organizaciones civiles, resignificando de este modo la adultez. «No todo lo viejo es malo, ni todo lo nuevo es bueno», se concluyó.

Referencias
Erikson, E. (2000). El ciclo vital completado. Barcelona: Paidós.
Miquel Martínez Martín, M. (2006). Formación para la ciudadanía y educación superior. Revista Iberoamericana de Educación, 42, 85-102.