El tiempo y el espacio: Diálogos en la escuela

Publicado: 
12 de noviembre 2020

Barbieri, María Eugenia; Prof. de Nivel Inicial. Postítulo de Actualización académica. (UDESA).
Martín, María; Licenciada y Profesora en Psicopedagogía (USAL).
Samprosqui, Sol; Licenciada en Psicología (UBA).

«Si tomamos el concepto desde la filosofía griega "Kairos"
significa el momento justo,
la experiencia del momento oportuno,
momento de claridad cargado de sentido e intensidad,
que es significativo para el sujeto.
Es el tiempo justo, ni demasiado temprano, ni demasiado tarde
».
Cuevas, Viviana. (2011:81).

A partir del desarrollo vinculado a la posición del adulto enseñante frente a una conversación con el niño, señalamos que este espacio del que hablamos es más que un lugar físico. Desde nuestro parecer, crear un espacio así sería sistematizar algo que debiera ser más natural y fluido al pensar que «solo tiene lugar aquí, de tal a tal hora». Esto nos demostraría que allí están los docentes otra vez… tomando el control.

Al «hacer posible el encuentro» como forma de diálogo permanente, estaríamos creando un espacio habilitante para la conversación: siempre estará disponible la oportunidad de conversar.

Diariamente y por convención social y cultural, los docentes, de algún modo, merodeamos las aulas, pues los niños solos, no tienen permitido permanecer en el colegio; es a partir de esto que creemos que es posible reflexionar sobre nuestra presencia para el beneficio de ellos.

En palabras de Massimo Recalcati (2019) «Hay que servirse de los maestros, ~hacer con ellos~ para encontrar la heterogeneidad del propio estilo» (p. 127).

Entonces, proponemos que, desde el cambio en la posición del adulto de enseñante a habilitante, podrían producirse mejores impactos en cuanto a los diálogos auténticos.

«Lo nuevo es, pues, del orden del acontecimiento, que rompe la lógica encadenada de los hechos y las relaciones causales o establecidas como inamovibles. Como en otros ámbitos, una de las tareas centrales de lo poético en la educación es la de favorecer la alteración del orden de las cosas. No se trata sólo de que a través de la educación hagamos lo posible para atenernos a las grandes palabras -como humanidad, bondad ,tolerancia-, vocablos cada vez más elusivos, sino de lanzarse en las mutaciones decisivas de una pluralidad aceptada como tal.» (Larrosa, Jorge. 2006:242).

Hacer lugar a lo nuevo: Brindarle naturalidad a los encuentros con los niños, inferimos, demostrará que comienzan a sucederse escenas, frases y palabras inesperadas. El acontecimiento de crear territorios de diálogo con el otro, la libertad para pensar y expresar ideas y sentimientos. Una construcción honesta y real disponible, al alcance de la mano.

Cuestionarnos acerca del lugar en el que se posiciona el adulto que conversa con los niños .Este tipo de posturas suelen mostrarnos que el adulto es quien cree poseer el saber, tanto así que es capaz de crear, guiar y decidir terminar o comenzar una conversación con un niño.

Para inspirarnos en la construcción de estas nuevas miradas, tomamos palabras de Luciano Lutereau, Doctor en Filosofía y en Psicoanálisis. Antes de compartir este fragmento, destacamos que esto es parte de una «hipótesis» que él mismo presenta: «lo infantil es un modo de hablar» (2017).

Desde allí, desarrolla que es a partir de la relación que el niño mantiene con el lenguaje, que pueden reconocerse sus modos de vivir y de ser, en lo que llamamos infancia.

Como docentes del nivel inicial, consideramos de sumo interés esta propuesta que revaloriza al lugar del niño, alejándose totalmente de un lugar pasivo y que debe ser conducido por un adulto. Creemos que esta postura y esta forma de mirar al niño ha arrasado con subjetividades y particularidades, propias de varios niños inmersos en el sistema educativo tradicional.

Lutereau (2017) define a la posición del psicoanalista como: «(...) desde la posición analítica es notable ubicar una primera condición para conversar con un niño, esto es, no sancionar moralmente los dichos del niño, sino advertir su referencia al -decir-» (p. 17).

Entonces, siguiendo esta línea e inspirándonos en la figura del analista, como educadores podríamos comenzar a notar qué de ese niño es particular, cuáles son sus intereses, su entorno, sus deseos, por supuesto, sin intentar encarnar la función del analista, solo inspirándonos en su forma de mirar a los niños. Esta mirada también tendrá resultados en el propio niño, ya que nos relatará, naturalmente, lo que desee, sin esperar una devolución formal de los educadores.

Referencias:
Cuevas, Viviana ( 2011) Relatos de integración. Buenos Aires, Argentina. Letra Viva.

Larrosa, Jorge (2006). Pensar la educación desde la experiencia. Revista Portuguesa de Pedagogía. Volumen 40-1. pp. 233-254

Lutereau, Luciano (2017) El idioma de los niños. Buenos Aires, Argentina. Letra Viva.

Recalcati, Máximo (2019). Hora de clase: por una erótica de la enseñanza. Barcelona, España. Anagrama

Actualizado: Nov. 12, 2020
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